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"El escenario de hacer arte “con las uñas” y otras historias fantásticas"

Escrito por:Angélica Cristancho
@yo_larola

 

Imagine un espacio vacío. Ese espacio que está en blanco, como la hoja que espera las letras para contar una historia. Hacer arte es contar una historia, una historia que tiene sentidos infinitos enmarcados en colores y texturas.

 

Y si le hablo de vacío es porque aquí es donde todo comienza, con la ausencia misma de las ideas y con las oportunidades infinitas de hacer realidad en planos lo que ya existe pero aún no sabe cómo contarlo.

 

Le escribo a usted, sí a usted, que tiene una finalidad estética, que tiene ganas de recrear espacios llenándolos de todo su sentido y color. Le contaré una historia, a ver si puedo articular mejor la idea misma de hacer arte.

 

Me encontré hace poco con una pregunta que me llevó a la reflexión profunda sobre el oficio de dirigir arte en cine: ¿Qué diferencia hay entre hacer arte para cine tradicional y hacer arte para cine hecho con un celular?

 

Lo primero es que, para mí, no existe una diferencia más que la de formato. El cine es el cine. Y desde mi punto de vista, el arte también es el arte. Puede que le suenen tontas este tipo de afirmaciones, que su percepción lo lleve a interpretar estas frases como significados de algo que no significa completamente nada.

 

Quiero explicarle, resulta que a través del tiempo hemos estado inmersos en interminables manifestaciones artísticas, corrientes, ideas y maneras de expresarse de muchos artistas. De todo ese bagaje, salen las referencias que un encargado de crear escenarios y escenas, toma prestadas para hacer realidad la misma realidad. Muchos dicen que no es lo mismo hacer arte para televisión que para cine, porque en cine se aprecian los detalles pero, ¿en televisión no?.

 

Técnicamente puede ser verdad si pensamos que nos enfrentamos a dimensiones de pantalla diferentes. A mí la multiplicidad de pantallas no me frustra para ver los detalles, soy de ese tipo de espectador minucioso que se deleita con el “detalle coqueto” que potencia todo lo demás en la escena.

 

Entonces, no hay diferencia, el trabajo detallado hace que cada espacio se engrandezca con sus elementos y que se relacione directamente con las acciones del actor, del director, del foto y así.

 

La industria del cine merece en su necesidad de existir grandes presupuestos, todos los departamentos que integran un proyecto audiovisual de la magnitud de una pantalla gigante, requieren de grandes esfuerzos para materializar una idea que en principio era una letra, una palabra, una frase, un párrafo, un guion.

 

Eso también es arte. Todo es arte. Sin el arte inicial del escritor no sucedería ninguno de los artes que le siguen para que exista la pieza final.

 

Muchos de los que trabajamos en el “medio” hemos escuchado alguna vez esto: los del departamento de arte son los que mueven muebles y ponen en la esquina un florero.

 

Siempre quise responder a este tipo de comentarios con conversaciones complejas sobre el manejo cromático, la sensibilidad de crear paletas de color, la astucia de proponer telas y texturas, el acierto de elegir el mejor mobiliario y el conocimiento de grandes obras que usamos como referencia para que una historia se contenga en una línea expresiva interesante y coherente; pero no, me doy cuenta que al final de cuentas el arte (o hacer arte) es una acción empírica que requiere solo de enfrentarse a mejorar un espacio y hacer que se vea bonito. Es un oficio que al final de cuentas se hace con las uñas, incluso si hablamos de grandes cantidades, alarmantes y exorbitantes cantidades de dinero.

 

Es un arte de manos, de alma, de corazón y sensibilidad, como todos los oficios y saberes que componen el cine. El arte en esta industria es de uñas también.

 

Entonces vuelvo a usted. Un elemento que disponga para aparecer en escena, sea cine, televisión, foto o similares, es un punto clave de significancia, es una marca narrativa. Poniendo un florero usted es un artista, moviendo un mueble usted es un artista, trabajando con grandes recursos usted es un artista y si lo hace con las uñas es más artista aún.

 

Ahora, no todos lo logran, pero el tema es que todos podemos hacerlo. Todos somos arte y podemos hacer arte, y todos “somos artistas”*. Cada uno tiene un potencial enorme para definirse a través de las manifestaciones artísticas y en ese orden de ideas, sin usted (si es que es el encargado de crear los espacios y ambientarlos) nada sería posible en el plano.

 

A partir de su intervención empieza la historia fantástica de crear lo demás. Así que no tenga miedo de explorar, de pintar y re pintar, de cambiar de opinión, de refutar ideas o mejorarlas, de exponer su punto de vista. Láncese al vacío creativo, llene el vacío y la ausencia, el formato no interesa, todos los elementos significan, así que ¡pilas!

 

Y si en algún momento se enfrenta, de manera desprevenida o en consciencia de conflicto (en el mejor sentido de la palabra), con alguien que le dice que “hacer arte” es poner un florero, respóndale que sí, porque ese florero hace que sea vea más real y creíble un espacio que pudo estar vacío.

 

Con plata o sin ella, cree y crea. Haga arte con las uñas siempre.

 

Posdata: Como puede notar, me hizo falta contarle las otras historias fantásticas. Si quiere saber cuáles son, escriba a smartfilms que quiere saberlas y se las contamos aquí en este espacio ¡Saludos!

Lectura recomendada: *”Piensa como artista” – Will Gompertz

 

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