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¡AUXILIO! DEJÉ EL CELULAR EN LA CASA.

Escrito por: Vanessa Arroyave
@NUNCADESPUES

 

Estaba en un concierto de Sigur Rós y hacía frío en Budapest.  De repente, un sonido  repetitivo de samba interrumpe el concierto, no, el sueño.  Si, sueño, no estaba en Budapest viendo a Sigur Rós y la samba repetitiva era mi despertador del celular.  Más tarde que pronto estoy de vuelta a la realidad.  Era lunes, llovía en Bogotá y parecían las 6:00 de la tarde, no las 6:00 de la mañana.  Tenía tantas ganas de quedarme debajo de las cobijas…  #Polanski ronroneaba al lado derecho, #Virginia al lado izquierdo. 

 

Pongo a cargar el celular en la mesita de noche, aunque ya era de día.  Me preparo un café, le doy la primera comida a mis gatos que dos horas antes venían velándome el sueño para ver si me levantaba pronto a acicalarlos.   Me pongo al día con las noticias, me baño, me arreglo y noto que el tiempo corrió más que de costumbre y se me hizo tarde.  Pido un taxi, pero no hay más respuesta que: “es hora pico, haremos lo posible por conseguirte un taxi”.. Resultado: No hicieron lo posible.

 

Me voy corriendo al otro cuarto donde tengo las chaquetas, me pongo una impermeable- llueve afuera- y decido salir a la calle a buscar transporte esperando que no me toque Transmilleno.  

 

Me despido de mis gatos;  veo el letrero que tengo al lado de la puerta:

Antes de salir,

 

y mi rostro haciéndole caso al “mantra-casa”,  prepara su mejor sonrisa.  Acelero el paso, abro la sombrilla fucsia,  bajo cuidadosa de no resbalar la loma de las calle 28, me lleva unos 4 minutos estar en la séptima, me tropiezo con gente que corre y esquiva los charcos de los andenes.  En Bogotá hasta en los andenes hay huecos – pienso.  Me detengo en el primer semáforo, hago el intento de pedir un taxi con mi mano derecha, vuelvo a intentar esta vez con la izquierda, pasan 5 minutos y se acorta el tiempo, ahí pienso, o más bien afirmo: “Se me hizo tarde”.   Cojo finalmente un taxi, (por favor nunca digas esto en Argentina).  Casi no entro por la puerta tratando de cerrar la sombrilla sin mojarme. Finalmente me mojé… finalmente ya voy en el taxi.   El señor me pregunta: ¿A dónde se dirige? Y yo le digo:  Ya le digo señor – mientras tanto busco en mi bolso el celular donde tengo el iCal con la dirección de la reunión. Pasan unos 32 segundos que parecen 32 años y me doy cuenta que DEJÉ EL CELULAR EN LA CASA.  

¿Celular?  Hace treinta años, la palabra ‘celular’ no era tan popular en nuestro vocabulario,  hoy,  se estima que las personas revisan su celular más de 150 veces al día,  la primera vez para apagar la alarma del celular y la centésima quincuagésima* vez,  para programar la alarma que los despertará al siguiente.   Las otras 148 veces se las quedo debiendo.

* Tuve que buscar cómo se dice o escribe este número ordinal.

 

Hace 30 años hacíamos fila para hablar por teléfono fijo y hasta el año 1953 el actual y modernísimo Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones de Colombia, se llamó Ministerio de Correos y Telégrafos.   Dime cómo te llamas y te diré cuánto tiempo ha pasado… pero sobre todo, ¿cuánto han cambiado nuestras formas de comunicar?

El celular, un invento relativamente nuevo que se ha convertido en la extensión de nuestra memoria, brazos, ojos y voz.

 

Hoy, 32 años después de su lanzamiento oficial cuando tan solo resolvía el problema de la movilidad,  el celular almacena, y en muchas ocasiones, reemplaza nuestra memoria, recuerdos, agendas, secretos (información privada) que ya no se escriben en diarios, además de ser una herramienta para la bien llamada democratización de la información y el conocimiento.   

 

En Colombia hay más celulares que colombianos: 55.982.456 de dispositivos móviles con un 116% de índice de penetración.

Aunque parezcan muchos años no lo son, el tiempo, una vez resuelto el problema de la movilidad empezó a evolucionar y con él la creatividad y los usuarios de esta tecnología: la televisión tardó 13 años en alcanzar una audiencia de 50 millones de personas en el mundo.  PewDiePie - YouTuber seleccionado por la revista Forbes como uno de los  YouTubers que más platica gana,  tiene en la actualidad  43.564.562  suscriptores en su canal de YouTube y al parecer la cifra sigue en aumento cada día.   Según un estudio de Ericsson ConsumerLab, en el último trimestre de 2015, el número total de suscripciones móviles alcanzó un 100% de penetración con alrededor de 7.300 millones, el mismo número de suscripciones móviles como personas en el mundo.

 

Las personas ya no necesitan el celular para hacer llamadas,  prefieren mandarse hipertextos a través de una u otra aplicación,  y que la parca nos encuentre confesados si por algún extravío aparecen los dos “chulitos azules” en Whatsapp y no respondemos en el término de 3 minutos, al jefe, el novio, la amiga o la mamá.

 

Al darme cuenta que había dejado el celular en la casa y con él toda mi memoria, agenda, datos de contacto que ya no memorizo y música que me acompaña en las largas horas de tráfico capitalino, decidí devolverme por él, aunque esto significara dar una vuelta absurda con cuatro orejas incluidas, más puntos en el taxímetro y más tiempo de demora en mi llegada a la reunión.  Por obvias y económicas razones el señor taxista fue paciente y amable, recogí el celular que había dejado cargando desde las 6:00 a.m.  en la mesita de noche, aunque ya era de día.   Me cercioré de guardarlo esta vez en el bolso, aproveché para saludar de nuevo a #Polanski y #Virginia y leí por segunda vez mi mantra-casa:

 

Antes de salir,

 

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