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LA PRODUCCIÓN CINEMATOGRÁFICA

Una experiencia que te mantiene fuera de tu zona de confort.

 

Escrito por: Gustavo Pazmin Perea
@gpazmin

 

Cuando Smart Films me invita a escribir en su blog, de inmediato pienso: “otro reto para estar fuera de mi zona de confort”. Soy productor de cine, no soy escritor, y hacer este ejercicio me obliga a repensar mi oficio, desde la gramática (donde no me siento confortable), para contarlo de tal manera que quien no lo conozca entienda lo que es la aventura, con innumerables retos, de Producir una Película.

 

El común denominador en mi carrera (y creo que el de la mayoría de los productores en Colombia), es apostar por proyectos que arrancan con un presupuesto de cero pesos, en su gran mayoría o con los escasos ahorros de un soñador. Esto significa, literalmente, comenzar un largo viacrucis, en el que puedes terminar crucificado. No obstante, ver proyectada sobre una pantalla gigante tu película finalizada, es el evento que te resucita cada vez, para emprender un nuevo periplo.

El camino de toda historia que culmina en una sala de cine comercial, consta de varios momentos en la cadena de la industria: la escritura del guión, el desarrollo del proyecto, la preproducción, el rodaje, la postproducción, la promoción, distribución y comercialización. En esta primera entrega, hablaré sucintamente de las dos etapas iniciales, siempre en relación con el oficio del Productor.

 

1. La etapa de escritura:

 

Durante este primer momento, la Producción tiene una función específica, que es la de negociar los derechos de autor de la obra a concebir (sea real o de ficción), o a adaptar (si se trata de un texto preexistente). Más allá de eso, puede, en ciertos casos, intervenir con algunas ideas en la elaboración de la historia, y esto básicamente, cuando se trata de una obra por encargo, o a pedido del guionista. También cabe la posibilidad (dado que el papel tiende a aguantar todo) de que proponga ajustar algunas propuestas creativas en beneficio de una producción de bajo presupuesto. Digamos, por citar un  ejemplo hipotético, que conseguir recursos para derribar un edificio desde una toma aérea, en un proyecto x, resulta impensado. Aquí, perfectamente puede intervenir el sentido común del productor para poner en marcha una propuesta que sea viable, y que, desde otras perspectivas o ángulos, genere esa misma idea de gran fatalidad, acondicionando la situación de tal manera que, sin perder la fuerza narrativa, no se convierta en una utopía irrealizable.

No obstante todo lo anterior, en esta primera etapa de peregrinaje fílmico, es en la que menos interviene la figura del Productor.

 

2. La etapa de desarrollo:

La segunda etapa, la del desarrollo, invariablemente comienza por tocar una larga lista de puertas, que en la mayoría de los casos no se abrirán, lo harán para cerrarse inmediatamente después o, peor aún, te permitirán entrar, te llenarán de expectativas, y finalmente te dejarán caer, sin amortiguación, en el duro suelo de las promesas no cumplidas.  Pero no todo es oscuro en este panorama. Siempre habrá una puerta que esperará por ti y tu proyecto. De no ser así, no existiría el movimiento cinematográfico que hoy día se está gestando en Colombia. En el mejor de los escenarios están las convocatorias cinematográficas del Estado y las herramientas creadas en la Ley de Cine (Ley 814 de 2003) y otras vías, como fondos internacionales, que en algunos casos posibilitan (espero que cada vez con mayor cobertura) avanzar hacia las siguientes fases.

 

Básicamente, este período se centra en la elaboración del presupuesto de la película y su respectiva búsqueda de financiación; esta última, apoyada por un cronograma de trabajo, que no es otra cosa que una lista de tareas con fechas establecidas, tales como elaboración de convocatorias, búsqueda de posibles inversionistas, de aportantes y de acuerdos de coproducción nacional e internacional, y en algunos casos, de estrategias de marketing que permitan la vinculación de alguna marca comercial.

 

Esta fase termina cuando se ha conseguido el presupuesto necesario para filmar la película y realizar la postproducción, que no siempre es el presupuesto diseñado (apostaría a decir que casi nunca).

 

He comenzado la preproducción de los proyectos en los que he participado, con un porcentaje muy inferior al que se concibió. Lo dicho, el papel aguanta todo. Sin embargo, la meta trazada, la única que en mi oficio cuenta, que es el estreno de la película, me ha obligado a convertirme en un Productor Creativo, para lograr que cada apuesta se convierta en un hecho.

 

Ahora, volviendo al tema de la culminación del desarrollo, cabe aclarar como punto final de esta entrega, que aún con los recursos conseguidos para filmar y postproducir, antes de comenzar el rodaje, el proyecto debe emprender un tercer tramo, denominado Preproducción.

 

De ésta etapa y la del rodaje (el momento más “adrenalínico” en la vida de un productor y su equipo de trabajo), escribiré en mi próxima entrega.

   

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